Durante varias semanas, por no decir meses, llevo pensando esta idea patética que nos intentan vender por todos los medios posibles. No es una conspiración, sino más bien una realidad a la que estamos sometidos por todos lados: estamos rodeados.
Hoy en una fugaz visita al supermercado observé que en una estantería nos estaban bombardeando con modelos patéticos de belleza. Unas chicas posando en las portadas con más arreglos que mensajes y con menos inteligencia en sus declaraciones que personas que se resistan a pensar que son ideales.
Es curioso como en las revistas no aparecen genios ni personas corrientes, ni personas con ideas ni personas que valga la pena conocer. Solo gente endiosada sin méritos, diciendo lo mismo de siempre, importandole lo mismo que siempre, con frases sin sentido, con solo un fenotipo cercano a lo que quién sabe quien impuso como espectacular, pero que bien analizando, resulta bastante enfermo, especialmente para quienes buscan aceptación y se esfuerzan por parecerse a esos esqueletos operados y chicas plásticas forradas en silicona sin pensamiento.
Molesta profundamente como los prototipos de belleza afectan a quienes no calzan, bajando su autoestima y llevándoles a enfermedades o a flagelaciones eternas de búsqueda de la perfección que no existe. Pero al sistema no le interesa en absoluto, más bien le conviene. Es todo un negociado: las cremas faciales, la ropa que imponen (con la talla del prototipo ideal para que solo las ceranas a él quepan en él), los métodos para bajar de peso que no funcionan y podría seguir eternamente.
Es un permanente daño a la sociedad y a la autoestima de sus miembros, haciendo que personas jamás encuentren la felicidad simplemente por vivir comparándose con ese esquema definido, ese llamado a ser todos parecidos, a vestirnos igual, a atropellar a quienes distinguen, y por sobretodo, a acercarnos a la esclavitud de la imagen por sobre lo que pensemos.
Pueden ser revistas, puede ser incluso la figura inverosímil de la muñeca Barbie, una modelo al borde de la desnutrición en un catálogo, un musculoso carente de seso en una revista para hombres, una moda destinada solo a una talla de personas. Todo afecta. También una bebida light, un programa en el que se le de cabida a jóvenes sin opinión ni identidad pero si grandes cercanías al prototipo (natural y artificialmente).
No propongo soluciones complejas e imposibles. Pido un cambio de actitud. Tan simple como eso.
¿Por qué dejamos que nos manipulen si está en nosotros escoger si tomarlo o no?
Es todo tan fácil como abrir los ojos y ver este mensaje tan claro. Ver que la belleza no está en esa cercanía, sino que está en lo que hay dentro y no en lo que nos quieren hacer creer.
