martes, 31 de julio de 2012

Hola, me caes mal.


(Poniéndome el parche ante la herida, les garantizo que esto no está dedicado a alguien en especial, sino justamente a algunas reflexiones respecto al tema. No lo tome personal :) )

¿Es tan difícil declararse en enemistad (contrario a simpatía, pero no es ese término precisamente)? ¿Tan difícil es anunciar al mundo (y a la persona en cuestión) un disgusto por una actitud y una persona en su complejidad? Lo es. Bien lo sabemos todos fingiendo por ahí simpatías inexistentes, amistades plásticas y cursilerías anotadas en la mano para mantener la farsa.
El odio es malo. Pero es aun peor la mentira, mantenida entre dos seres (o solo uno, involucrando a ambos) con un fin estético. La sociedad nos dice que una sonrisa fingida se ve mejor, más bonita, está de moda. Y le hacemos caso.
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Es que en verdad no entiendo cuál es el fin de actuar como si fuésemos amigos íntimos con ese único fin estético. No es ni siquiera funcional. Es apariencia y nada más.

¿Y si nos dijéramos todo a la cara? ¿Sería peor o mejor para el mundo?
Si en vez de fingir esa amistad inexistente nos dijéramos las cosas como son probablemente mejoraríamos lo que tanto nos disgusta. O puede que no.
Sería todo más sincero y no nos dolería la cara tras esa sonrisa forzada que ni siquiera nos hace felices.

Nos caemos mal y punto.

No hay nada que hacer, porque
 somos todos un montón de cobardes.

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